Hoy me levanté con la convicción de hacer algo productivo. Está claro: esa concepción es un tanto subjetiva. La idea era disimular un poco el ocio, al fin y al cabo me sentía culpable de no hacer nada.
Terminé de leer una ficción que había dejado por la mitad antes de las vacaciones y descubrí que no la tenía que haber retomado. Luego, me senté frente a la PC: la inercia sólo ponía videos y playlist. De terminar con la monografía, nada.
De esto, entre otras cosas, se trata mi inventario de licencia.