Las cosas brillantes siempre salen de repente, como la geometría de una flor.

Las cosas brillantes siempre salen de repente, como la gemotría de una flor.

13 noviembre, 2010

Variaciones de "Entre lo público y lo privado". (Ficción)

A Fernando no le gusta su trabajo. Es empleado de un cyber, y trabaja en el turno de la noche. Parece que la inercia y la necesidad de ayudar a su madre son los únicos motivos que lo impulsan a sentarse ocho horas por día frente a un monitor. La monotonía de sus tareas y el ruido de los “jueguitos” en red de los clientes le llegan al hartazgo; por cierto, ni siquiera le pasa nada fuera de lo corriente que le altere su aburrida rutina. 


Pero una noche llegó Enrique, un cliente bastante asiduo; conocía su nombre ya que en una ocasión pidió una impresión y Fernando, en un rapto de curiosidad, logró verlo en la hoja. Eligió la Pc de siempre, la que estaba justo en frente de la que se ubicaba Fernando. 


El cyber era modesto, tenía poco más de cinco computadoras distribuidas en un local pequeño, con mucha humedad; una heladera de bebidas  y un póster inverosímil de una modelo en ropa interior sorprendían apenas se entraba. Lindero al local estaba la seccional novena. 


Esa noche, Enrique era el único cliente, y eso parece que lo animó a confesarse con Fernando: -De un tiempo a esta parte me ha llamado la atención el hecho de que mis amigos sientan la necesidad de publicar en sus Facebook lo que hacen y lo que les pasa en su vida a cada momento. Esta noche me voy a dedicar a investigar uno por uno sus perfiles.
Fernando, sorprendido y a la vez contento que le pasara algo fuera de lo común, no hizo más que asentirlo. Enrique seguía indignado: -Es que no estoy en contra de la libre expresión, pibe, sino absolutamente todo lo contrario, me parece genial y necesario que nos podamos expresar en todo los ámbitos, y sobre lo que se nos plasca, eh! Que quede claro! Fernando ya no emitía comentarios, sólo movía la cabeza en vertical. La noche estaba fría y seguía sin entrar gente. La luz de la seccional estaba apagada. -Nunca hay nadie ahí, los milicos no hacen nada, agregó Enrique.

Fernando siguió con detalle lo que hacía el único cliente verborrágico que había tenido en meses. Enrique era  joven y flaco, 25 años promedio, y siempre iba con el mismo pantalón y campera verde. Compraba todas las noches una botella de Coca y salía a fumar cada 20 minutos. Nunca decía una palabra, pero se quedaba horas dentro del cyber.

Una hora después de prometerle a Fernando investigar las redes sociales de sus amigos, exclamó indignado: - Esto es un  inventario de hechos, sentimientos,  catarsis y  dedicatorias amorosas que rayan en la más pura cursilería terraja! Mirá que yo soy chusma, pero no quiero saber  qué hace "fulanito" a cada minuto de su vida, que le dijo a la novia cuando de despidió ayer de la casa, si hoy se levantó enojado, si se puso una media de diferente color. Váyanse a cagar!
Fernando, un poco sorprendido, optó por banalizar la cuestión argumentando que es sólo una red social y que no vale la pena enojarse por eso. Pero en sus fueros más íntimos quería seguir viendo a Enrique enojado. Este último siguió haciendo gestos de ofuscado, pero ya no se animó a emitir insultos al aire porque entró otro cliente. Minutos después se paró y saludó: - Nos vemos, pibe. Al final me calenté  con este tema del Facebook y no estoy haciendo nada productivo. Chau.
Fernando saludó correctamente y quedó con el consuelo de haber perdido horas poniéndole atención a Enrique. 


Al día siguiente esperó que  volviera con otro discurso contra la generación 2.0, pero fue sólo una quimera. Sin embargo, Fernando viviría otra noche atípica. Ésta vez,  la seccional encendió la luz que reclamaba Enrique, y llegaron al cyber. -Buenas noches, agente Fernandez. Venimos a investigar su local. Fernando pensó enseguida en la ilegalidad que se encontraba el establecimiento -sin ir más lejos estaba colgado del suministro eléctrico- e hizo al instante la asociación con el motivo de la visita policial. En último caso a él le daba lo mismo. El Agente le explicó que se iban a llevar las computadoras para investigar un caso de violación perpetuado por una hombre que contactaba a sus víctimas a través de Facebook, y que tenían pruebas claras que se gestionaba desde este local.

Fernando vivió una noche fuera de lo común como él quería, pero ésta vez desde la seccional contigua declarando por varias horas. A Enrique nunca lo volvió a ver, hasta que apareció en la portada del diario acusado de violación y condenado a 20 años de cárcel. Ahora trabaja en un supermercado.




Martín Rosas


18 octubre, 2010

MINEROS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EL ETERNO ESPECTÁCULO


“Este rescate es algo apasionante”, decía Martín Sarthou en el informativo central, mientras la cápsula que transportaba al primer minero emergía a la superficie. Por momentos era difícil discernir si lo que se estaba viendo por televisión era un operativo de rescate o un reality show. “Un drama de la vida real”, “El milagro de Copiapó”, etc. Con este tono se iba presentando la ficha técnica de los 33 trabajadores chilenos, agregando anécdotas y “notas de color” de sus familiares, que por momento rozaban lo innecesario.
En la señal institucional del gobierno chileno (TVN), que retransmitieron la mayoría de los canales, aparecía un cronómetro en el ángulo inferior derecho contabilizando el tiempo transcurrido del suceso; en el otro extremo, un marcador registraba en color verde el saldo  positivo de mineros rescatados y, en color rojo, los que quedaban en el debe. El show estaba servido y la audiencia asegurada. El suceso fue visto por mil millones de espectadores, la misma cifra que vio al presidente Piñera, con su protagonismo excesivo, recibir a cada uno de los mineros ante, claro, las cámaras. Éste uso político le sirvió para aumentar su popularidad y, quizás, lograr disuadir la falta de respuesta por los daños del terremoto y los reclamos mapuches para la abolición de la Ley Antiterrorista que los ha desplazado como etnia, cuya aplicación a indígenas por la justicia militar, ha motivado la condena de organismos internacionales de derechos humanos a Chile.
En la conferencia de prensa improvisada que dio el presidente -más parecido a un pastor evangelista, haciendo referencia constante al “milagro” que salvó a los mineros- se resaltó el heroísmo y las medidas que se evaluarán a futuro, pero nunca se habló de las condiciones laborales que viven los mineros desde siempre, la sobre explotación, la falta de derechos, los riesgos inminentes o la falta de controles a las empresas mineras. Los medios tampoco lo hicieron, se preocuparon más por el estado civil de éstos o el “look” de sus esposas, que por informar de los 31 mineros que han muerto en lo que va del año por accidentes laborales. Más de 300 en una década. En el caso de la mina de Copiapó, en el último tiempo se habían realizado numerosas observaciones por las autoridades en donde se destacaban los riesgos de seguridad, los cuales fueron desatendidos hasta que sucedió el accidente el 4 de agosto.

El desenlace fue perfecto para todos, incluido los medios. No faltó ningún condimento: Rating explosivo, globos, cánticos e himno patrio. Ahora lo que resta es conocido; contratos televisivos, cinematográficos, editoriales, etc. El reality parece continuar. Veremos si, por lo menos, se cumplen las políticas públicas que garanticen y amparen el trabajo de los obreros postergados, o si habrá que esperar a que surja otro accidente para montar el nuevo show mediático.


                                                                                    
                                                                                        
        

16 octubre, 2010

29 marzo, 2010

Entre lo público y lo privado

De un tiempo a esta parte, me ha llamado la atención el hecho de que algunas personas sientan la necesidad de publicar en sus Facebook lo que hacen y lo que les pasa en su vida a cada momento. Esto incluye un detallado inventario de hechos, sentimientos, pensamientos, catarsis y porque no, dedicatorias amorosas que rayan en la más pura "cursilería terraja" (esto último a mi parecer, claro).
Es que no estoy en contra de la libre expresión, sino absolutamente todo lo contrario, me parece genial y necesario que nos podamos expresar en todo los ámbitos, y sobre lo que se nos plasca, ni tampoco pretendo cargar de moralismos estúpidos y retrógrados este "análisis". Sólamente me resulta inquietante analizar los límites difusos que se generan en las redes sociales entre la esfera pública y privada. Ya sé que, por definición, el sólo hecho de registrarse en Facebook lo privado ingresa a lo público, y que a partir de ese momento, toman vida infinitos intereses, mediatizados por el soporte virtual. Ya todo se puede a la hora de saber cosas del otro, y todos hechamos mano a ese oficio, por nuestra condición de "chusmas" en la que me incluyo. El tema es que no quiero saber que hace "x" a cada minuto de su vida, que le dijo a la novia cuando de despidió ayer de la casa, si hoy se levantó enojado, si se puso una media de diferente color, y mucho menos los resultados incongruentes y sin sentido de millones de test . Y es esa necesidad de contar y ser escuchado, vomitando todo los que nos sucede, ayudados por la inmediatéz de los tiempos que corren, en donde la sobreinformación abunda y nos ayuda a olvidar todo rapidamente, que impulsa a llevar en algunos casos el exponer en demasía el ámbito privado en el Facebook.
Ahora.. la solución no está en no hablar, en no decir. Claro que no! Todos tenemos el derecho y la decisión -por suerte- a expresarnos y a contar publicamente lo que queramos. Entonces, ¿Cuál es el límite entre lo que es público y lo que es privado?, ¿en uno mismo?, ¿en el atractivo de atravesar esos límites?, ¿hasta dónde se abre el mundo privado?, ¿mi privacidad se abre porque se abre la del otro también?. Muchas preguntas para pocas respuestas que todavía no he encontrado.
Más allá de las críticas que uno pueda hacer y las decisiones personales y los límites que se imponga cada usuario, lo que parecería claro es que Facebook justifica su éxito en este juego de miradas y deseos de intromisión a lo privado entre las diferentes personas. Ahí radica su atracción y sus adeptos, al que me incluyo, claro.
Bueno... no era mi intención ponerme demasiado apocalíptico, sino hacer solamente una reflexión personal.
Quizás con el tiempo me doy cuenta que soy yo el que estoy equivocado...

He dicho.