A Fernando no le gusta su trabajo. Es empleado de un cyber, y trabaja en el turno de la noche. Parece que la inercia y la necesidad de ayudar a su madre son los únicos motivos que lo impulsan a sentarse ocho horas por día frente a un monitor. La monotonía de sus tareas y el ruido de los “jueguitos” en red de los clientes le llegan al hartazgo; por cierto, ni siquiera le pasa nada fuera de lo corriente que le altere su aburrida rutina.
Pero una noche llegó Enrique, un cliente bastante asiduo; conocía su nombre ya que en una ocasión pidió una impresión y Fernando, en un rapto de curiosidad, logró verlo en la hoja. Eligió la Pc de siempre, la que estaba justo en frente de la que se ubicaba Fernando.
El cyber era modesto, tenía poco más de cinco computadoras distribuidas en un local pequeño, con mucha humedad; una heladera de bebidas y un póster inverosímil de una modelo en ropa interior sorprendían apenas se entraba. Lindero al local estaba la seccional novena.
Esa noche, Enrique era el único cliente, y eso parece que lo animó a confesarse con Fernando: -De un tiempo a esta parte me ha llamado la atención el hecho de que mis amigos sientan la necesidad de publicar en sus Facebook lo que hacen y lo que les pasa en su vida a cada momento. Esta noche me voy a dedicar a investigar uno por uno sus perfiles.
Fernando, sorprendido y a la vez contento que le pasara algo fuera de lo común, no hizo más que asentirlo. Enrique seguía indignado: -Es que no estoy en contra de la libre expresión, pibe, sino absolutamente todo lo contrario, me parece genial y necesario que nos podamos expresar en todo los ámbitos, y sobre lo que se nos plasca, eh! Que quede claro! Fernando ya no emitía comentarios, sólo movía la cabeza en vertical. La noche estaba fría y seguía sin entrar gente. La luz de la seccional estaba apagada. -Nunca hay nadie ahí, los milicos no hacen nada, agregó Enrique.
Pero una noche llegó Enrique, un cliente bastante asiduo; conocía su nombre ya que en una ocasión pidió una impresión y Fernando, en un rapto de curiosidad, logró verlo en la hoja. Eligió la Pc de siempre, la que estaba justo en frente de la que se ubicaba Fernando.
El cyber era modesto, tenía poco más de cinco computadoras distribuidas en un local pequeño, con mucha humedad; una heladera de bebidas y un póster inverosímil de una modelo en ropa interior sorprendían apenas se entraba. Lindero al local estaba la seccional novena.
Esa noche, Enrique era el único cliente, y eso parece que lo animó a confesarse con Fernando: -De un tiempo a esta parte me ha llamado la atención el hecho de que mis amigos sientan la necesidad de publicar en sus Facebook lo que hacen y lo que les pasa en su vida a cada momento. Esta noche me voy a dedicar a investigar uno por uno sus perfiles.
Fernando, sorprendido y a la vez contento que le pasara algo fuera de lo común, no hizo más que asentirlo. Enrique seguía indignado: -Es que no estoy en contra de la libre expresión, pibe, sino absolutamente todo lo contrario, me parece genial y necesario que nos podamos expresar en todo los ámbitos, y sobre lo que se nos plasca, eh! Que quede claro! Fernando ya no emitía comentarios, sólo movía la cabeza en vertical. La noche estaba fría y seguía sin entrar gente. La luz de la seccional estaba apagada. -Nunca hay nadie ahí, los milicos no hacen nada, agregó Enrique.
Fernando siguió con detalle lo que hacía el único cliente verborrágico que había tenido en meses. Enrique era joven y flaco, 25 años promedio, y siempre iba con el mismo pantalón y campera verde. Compraba todas las noches una botella de Coca y salía a fumar cada 20 minutos. Nunca decía una palabra, pero se quedaba horas dentro del cyber.
Una hora después de prometerle a Fernando investigar las redes sociales de sus amigos, exclamó indignado: - Esto es un inventario de hechos, sentimientos, catarsis y dedicatorias amorosas que rayan en la más pura cursilería terraja! Mirá que yo soy chusma, pero no quiero saber qué hace "fulanito" a cada minuto de su vida, que le dijo a la novia cuando de despidió ayer de la casa, si hoy se levantó enojado, si se puso una media de diferente color. Váyanse a cagar!
Fernando, un poco sorprendido, optó por banalizar la cuestión argumentando que es sólo una red social y que no vale la pena enojarse por eso. Pero en sus fueros más íntimos quería seguir viendo a Enrique enojado. Este último siguió haciendo gestos de ofuscado, pero ya no se animó a emitir insultos al aire porque entró otro cliente. Minutos después se paró y saludó: - Nos vemos, pibe. Al final me calenté con este tema del Facebook y no estoy haciendo nada productivo. Chau.
Fernando saludó correctamente y quedó con el consuelo de haber perdido horas poniéndole atención a Enrique.
Al día siguiente esperó que volviera con otro discurso contra la generación 2.0, pero fue sólo una quimera. Sin embargo, Fernando viviría otra noche atípica. Ésta vez, la seccional encendió la luz que reclamaba Enrique, y llegaron al cyber. -Buenas noches, agente Fernandez. Venimos a investigar su local. Fernando pensó enseguida en la ilegalidad que se encontraba el establecimiento -sin ir más lejos estaba colgado del suministro eléctrico- e hizo al instante la asociación con el motivo de la visita policial. En último caso a él le daba lo mismo. El Agente le explicó que se iban a llevar las computadoras para investigar un caso de violación perpetuado por una hombre que contactaba a sus víctimas a través de Facebook, y que tenían pruebas claras que se gestionaba desde este local.
Al día siguiente esperó que volviera con otro discurso contra la generación 2.0, pero fue sólo una quimera. Sin embargo, Fernando viviría otra noche atípica. Ésta vez, la seccional encendió la luz que reclamaba Enrique, y llegaron al cyber. -Buenas noches, agente Fernandez. Venimos a investigar su local. Fernando pensó enseguida en la ilegalidad que se encontraba el establecimiento -sin ir más lejos estaba colgado del suministro eléctrico- e hizo al instante la asociación con el motivo de la visita policial. En último caso a él le daba lo mismo. El Agente le explicó que se iban a llevar las computadoras para investigar un caso de violación perpetuado por una hombre que contactaba a sus víctimas a través de Facebook, y que tenían pruebas claras que se gestionaba desde este local.
Fernando vivió una noche fuera de lo común como él quería, pero ésta vez desde la seccional contigua declarando por varias horas. A Enrique nunca lo volvió a ver, hasta que apareció en la portada del diario acusado de violación y condenado a 20 años de cárcel. Ahora trabaja en un supermercado.
Martín Rosas
Me gustó y me quedé de cara, muy bueno Tin, me gustó mucho !!!
ResponderEliminarDe un tiempo a esta parte me di cuenta de eso mismo, antes parecía más bien una pendeja poniendo cada cosa que hacía, después pensé "y a ellos que les importa?" de última solo les sirve para poder meter sal en la herida.
En fin, me fui de tema. Me gustó !
Gracias, Cinty. Sí, pienso lo mismo que vos! Igual yo también soy chusma muchas veces, jaja.
ResponderEliminarMuy lindo tu nuevo blog de fotografía, re lindas las fotos!!
Me fui!
Justo esta mañana ví en el noticiero el caso de una chica que se conoció con un tipo vía Facebook y después no me acuerdo qué le había pasado... Sí, la verdad es que mucha pelota no le doy a los noticieros, como verás xD.
ResponderEliminarNo me lo digas dos veces porque mirá que no se que me gusta más, si Sabina o Uruguay ♥ jaja. ¿Vos vas? Ojalá que sí. Disfrutalo por mí xD.
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